Qué es la Hipertensión y cómo podemos reducirla:

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que afecta aproximadamente al 40% de la población, con una mayor incidencia en edades avanzadas. Es un factor de riesgo para otras enfermedades cardiovasculares, como insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular (ictus), aterosclerosis y enfermedad renal crónica, entre otras.

Se estima que más del 50% de las muertes por enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares ocurren en pacientes hipertensos. Por esta razón, la hipertensión constituye un importante problema de salud pública.

En este contexto, el desarrollo de terapias no farmacológicas como el ejercicio físico son una estrategia rentable con pocos efectos secundarios y muchos positivos.

Las personas que sufren hipertensión presentan disnea durante el esfuerzo, lo que se traduce en sedentarismo y atrofia, tanto muscular periférica como diafragmática, por lo cual una rehabilitación global –basada en el ejercicio– viene a cubrir la brecha no resuelta por la terapia farmacológica.
La modificación del estilo de vida contribuye a reducir la presión arterial sistólica:

– Bajar 10 kg de peso disminuye entre 5-20 mmHg la presión arterial
– Una dieta adecuada la disminuye 8-14 mmHg
– La actividad física la disminuye 4-10mmHg
– Reducción del consumo de sal baja en 2-8 mmHg
– Reducción del consumo de alcohol disminuye entre 2-4 mmHg

Rehabilitación en pacientes con Hipertensión:

La rehabilitación está indicada para todo paciente con hipertensión arterial de grado I a III, de curso clínico estable en los últimos 3 meses. Se sugiere comenzar en ambiente ambulatorio por un mínimo de doce semanas bajo supervisión, para luego continuar en domicilio con un especialista. Los pacientes estables más de tres meses en grado IV, esperando trasplante u otra estrategia terapéutica, también deberían ser objeto de rehabilitación, aunque cada caso debe ser analizado individualmente y la rehabilitación programada con estricta supervisión por profesionales sanitarios especializados (fisioterapeutas).

Se recomienda empezar el ejercicio con una carga equivalente al 50% del VO2 pico del paciente (cantidad máxima de oxígeno que el organismo puede consumir por unidad de tiempo), y monitoreando la frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria y presión arterial. Progresivamente se aumenta la intensidad del ejercicio dependiendo de la tolerancia individual nuca sobrepasando el 80% del VO2 máximo. Se debe parar el ejercicio si la frecuencia cardíaca supera los 120/min y la saturación de oxígeno cae a cifras inferiores al 90%.

Los estudios demuestran mejoras significativas en diversos parámetros fisiológicos en personas con hipertensión, al ser sometidos a programas de entrenamiento físico estructurados. De particular relevancia es el hecho de que la mayoría de los estudios demuestran una importante mejoría en la tolerancia al ejercicio, en la realización de las actividades de la vida diaria y en la calidad de vida de la persona.

Autor: Jaime Azcoytia. Fisioterapeuta de Fisiosenior, especializado en Geriatría, ejercicio terapéutico y terapia manual.